Traducción al castellano revisada y corregida por Julio Cerdá Pugnaire
ARTURO CERDÁ Y RICO
La conmemoración este año del centenario del título de ciudad que nos otorgó la regente María Cristina en 1900 nos viene de perlas para hablar y reivindicar la figura desconocida de un monovero que fue uno de los mejores artistas españoles de la fotografía fotógrafos del novecientos.
Arturo Cerdá Rico nació en Monóvar el 11 de octubre de 1844. Murió en el 15 de Febrero de 1921 a las 9 de la mañana, de efisema pulmonar, a la edad de 77 años en Cabra de Santo Cristo (Jaén). Cerdá era hijo de Salvador Cerdá Canicio y Aureliana Rico y Rico, ricos propietarios y comerciantes de Monóvar. Ya en su adolescencia fue enviado a estudiar al colegio de los Agustinos de San Lorenzo del Escorial (Madrid). Mas tarde fue a estudiar medicina a la facultad de San Carlos en a Madrid. Uno de los sus hermanos era hombre de confianza del Marqués de Salamanca, -que en aquel momento estaba construyendo el ferrocarril entre Granada y Úbeda- se ocupaba de las innumerables contrataciones que la empresa ferroviaria efectuaba-. Esa relación tenia su origen en el hecho de que Salamanca había sido alcalde de Monóvar en 1834 y los Cerdá siempre habían sido liberales, amigos y correligionarios de Salamanca. Era un poco mayor que Arturo y sufrió una repentina enfermedad que requirió la presencia de su hermano médico a su lado por entonces ejercía la medicina en Cox, su primer destino-. No sabemos con certeza que ocurrió con el hermano enfermo, pero la visita y permanencia de Arturo en tierras andaluzas marcó definitivamente su vida. El joven Arturo conoció y se enamoró de Rosario Serrano Caro, una rica heredera de nacida en Úbeda (Jaén) que poseía muchas fincas y una gran fortuna en Cabra del Santo Cristo Cerdá y su esposa se trasladaron a vivir a Cabra de Santo Cristo, uno de los pueblos de Sierra Mágina la serranía giennense donde residía la familia, y tenían propiedades. Allí ejerció sin demasiada pasión su profesión de médico y forense, ocupándose principalmente de también de administrar las ricas haciendas que tenía. Un detalle que explica su personalidad es que harto de hacer las autopsias en las casas particulares de los difuntos, un día practicando una autopsia se le cayó el difunto al suelo por las malas condiciones del tanatorio, por lo que mandó construir uno de su propia fortuna, en el cementerio. La mesa - entera de mármol apoyada en una sola pata - la diseñó inspirándose en el movimiento de la rótula de la rodilla. En la parte de atrás por una reja, se accede al panteón familiar donde reposan sus restos enterrados en contacto directo con la tierra. construyó la morgue del cementerio de Cabra, dotándola de una ingeniosa mesa articulada de mármol que era de lo mas avanzado de su tiempo.
Su dedicación a la fotografía fue intensísima, de tal manera que dedicó todo gran parte de su tiempo y fortuna a su práctica. Construyó una casa de estilo modernista pensada y diseñada para hacer fotografías. Este edificio lo construyeron albañiles de Monóvar expresamente trasladados para tal efecto y estaba inspirada en una bellísima casa sevillana de Triana, boceto de Jurillo. Hoy todavía se conserva en buen estado y presenta una planta cuadrada con una inmensa claraboya montera central que ilumina un patio de luz central donde se asoman todas las habitaciones, dicho patio tiene el suelo de cristal para iluminar el patio de abajo con luz natural. El estudio fotográfico y laboratorio era una de las mejores estancias, tenia tres ventanas redondas con postigos, orientadas al mediodía, una con vidrios rojos, otra verdes y la tercera blancos, con objeto de poder trabajar con material ortocromático, pancromático o con la luz del día. de tal manera que podía conseguir efectos diferentes sobre los negativos. Cerdá participó en multitud de concursos donde obtuvo muchos premios y galardones entre los que destacan los primeros premios de Valencia en 1906, Madrid, 1908, y Londres, 1909. El propio Joaquín Amo se hace eco de esos éxitos y también de otros aspectos de su vida social -con las infalibles visitas veraniegas a Monóvar, casi siempre acompañado de su "encantadora y bella hija Purita"- en el semanario monovero El Pueblo.
Cerdá, hombre culto e inquieto estuvo muy interesado por el arte en general, organizaba veladas literarias en su casa y se rodeaba de artistas y escritores de su época. Mantuvo una interesante correspondencia y amistad con pintores como Sorolla, Cecilio Pla, López Mezquita, o Rodríguez Acosta, Martínez Victoria, etc...
Su preferencia técnica era sobre todo la estereoscopia -con el veráscopo de Richard y el taxiphote- donde demostró su maestría. También se recreó en otras técnicas como la autocroma de Lumière. Fue ser pionero en la fotografía de color. Colaboró con muchas publicaciones, sobretodo con la revista jiennense Don Lope de Sosa donde se publican muchos de sus trabajos, -incluso después de su muerte- varios artículos sobre él y su obra, y una pequeña biografía con ocasión de su fallecimiento, en Marzo de 1921, también colaboró con la revista londinense Photograms of the Year que publicó varios de sus trabajos, con La Fotografía, dirigida por Antonio Canóvas del Castillo "Kaulak", Graphos Ilustrado, Photos, La Fotografía Ilustrada, etc., con temas como el retrato, paisajes, costumbrismo, composiciones e incluso chistes fotográficos absurdos de estilo surrealista, muchos de ellos realizados con su perro.
Cerdá tuvo trece hijos, de los cuales sobrevivieron 6, Salvador, Saturnino, Enrique, Telesforo, Julio y Pura. Dos de ellos fueron enviados a vivir a Monóvar con su tío Enrique, que no tenia hijos. El primero, Saturnino, alcalde en 1929 y el segundo Telesforo, comerciante, regentaban los negocios familiares y las mas que abundantes propiedades agrícolas repartidas por todo el término, entre los que destacaban la finca el Altet.
Arturo Cerdá sobrevivió muchos años a su esposa Rosario que falleció en Cabra del Santo Cristo el 18-6-1902 a causa de las diabetes. Decidió entonces repartir la herencia entre sus hijos a cambio de una asignación mensual. Eso le permitió disponer de todo el tiempo y los recursos suficientes para dedicarse en cuerpo y alma a la fotografía y a viajar por toda España, Francia, Venecia, Tánger, y sobre todo a Granada donde gozaba de la amistad de los artistas de la época.
Al morir el inconmensurable archivo fotográfico fue troceado entre los descendientes. La inmensa mayoría de los negativos y positivos de cristal, - cerca de 6.000 - se encuentran repartidos entre sus herederos andaluces principalmente las nietas Juana y Angustias Cerdá Olmedo de Granada, y su bisnieto Julio A. Cerdá Pugnaire de Ecija (Sevilla), Otra parte mucho menos cuantiosa, pero muy interesante para nosotros la heredaron los hijos que vivieron en Monóvar y que afortunadamente se han conservado en su mayoría hasta nuestros días, y otra parte no menos importante repartida por toda España entre los herederos de sus amistades, compañeros de inquietudes culturales, o apasionados por la fotografía con los que era frecuente el intercambio de sus trabajos.
A parte de los aproximadamente 6.000 cristales negativos estereoscópicos nombrados antes, Cerdá dejó a Telesforo, 11 cristales de Alicante, 8 de Barcelona, 14 de Valencia, 1 de Xàtiva, 1 de Bocairent, 9 de Sevilla, 130 de Monóvar. Todos están hechos entre 1899 y 1901.
Las fotos de la ciudad de Elx. Están realizadas en 1900 cuando nuestro autor acudió a presenciar el eclipse total de sol. De las de Barcelona destacan las del monumento al general Prim. Las de Valencia muestran el Parterre y Vivero. En Alicante podemos ver el puerto y el Casino. Las fotos de Monóvar son de la iglesia, del Ayuntamiento, de la Rambla, de la Rafa, de la Safra, de la estación, de la Gralla, de Xinorla, de Garrintxo, del Belix, del Casino. También hay fotos de gente trabajando en el bancal o en las primeras fábricas de zapatos. En definitiva una colección maravillosa.
Arturo Cerdá tenia la costumbre de envolver cada cristal negativo en un papel sobre el cual anotaba un número, la fecha y el motivo. Algunos cristales han perdido su envoltorio y otros están en peligro como consecuencia del desprendimiento de la emulsión, aunque en general, y teniendo en cuenta que tienen un siglo están bien conservados y nítidos.
Cerdá hombre meticuloso y con una buena formación científica, se dio cuenta de la importancia que la fotografía tenía desde el punto de vista cultural y etnográfico, antropológico a diferencia de otros fotógrafos de su tiempo, que se quedaron en aspectos meramente artísticos del arte fotográfico, Cerdá insistió en retratar el pueblo llano en sus quehaceres mas cotidianos, los oficios, los trabajos, las fiestas, y los acontecimientos meteorológicos de su tiempo con una obsesión por fijar con su máquina el instante preciso y concreto, a veces componiendo verdaderos cuadros impresionistas, costumbristas o subrealistas y otras componiendo escenas de un finísimo humor. Esa necesidad de salvaguardar la memoria visual que Arturo Cerdá tenía ahora hace exactamente cien años, nos hace deudores con el de este homenaje.
En este momento estamos ultimando una publicación que recoja las fotografías monoveras de este gran fotógrafo. Su publicación tendrá una doble finalidad: reparar la injusticia que se ha cometido con este hijo de Monóvar hasta ahora ignorado y copiado de mala manera - sus fotos se han publicado y comercializado sin ni tan solos nombrado siquiera nombrar su autoría - y mostrar a los monoveros las imágenes del nuestro pueblo de hace un siglo.
Gracias a su nieta Rosario Cerdá, a sus biznietos Salva, Enrique y Juan Cerdá Cerdá, y al también biznieto Julio A. Cerdá Pugnaire han llegado hasta nuestros días una colección de imágenes que explican visualmente nuestra historia particular. Hemos de estar profundamente agradecidos por la oportunidad tan grande que nos ofrece con la cesión de este material.
Esperamos que pronto todas estas imágenes puedan ser publicadas para goce de todos nosotros.
Rafael Poveda & Tito Martínez "Caneu"