LA FUERZA CREATIVA DE MONÓVAR

Juan Velliga, el protagonista de La fuerza incomprendida, la novela de Demetrio Mallebrera Verdú, es un personaje insignificante, vulgar. Un ser que no ha hecho nada relevante en su vida y que a pesar de todo -como refiere Azorín en Veraneo sentimental-, deja en nuestro espíritu una huella luminosa, larga, inefable..., una huella que nos da "esa fuerza incomprensible" capaz de reconocer unos méritos impares en el protagonista de la novela.

Se trata de una obra que desprende estampas con sabor y nostalgia de Monóvar, la ciudad natal de Azorín y del autor de esta novela. Sus capítulos son como pequeños trozos de un puzzle; rasgos, medias semblanzas o apuntes breves impregnados de recuerdos que sirven de hilo argumental a la existencia gris y monótona de un habitante de un pueblo del interior de la provincia de Alicante que tiene claras muestras de ser Monóvar.

La novela da fe, ante todo, de una profunda admiración por la ciudad natal del autor de la novela, Demetrio Mallebrera, quien llega a afirmar, entre múltiples elogios, que, supuestamente en Monóvar, "se mama de pequeñito una gran sensibilidad por lo artístico. De mi pueblo han salido también pintores y escritores, y no puedo dejar de decir que esas cosas formen parte del orgullo de pertenencia que llevamos con nosotros de por vida".

Son muchas las referencias monoveras que están presentes en esta obra: la alborada, el fondillón, la Sociedad Cultural Casino de Monóvar (convertido aquí en Liceo), los típicos juegos y gastronomía, las exposiciones de septiembre...

El instinto de escritor que rezuma el autor es fruto de cientos de lecturas acumuladas que dan sustento a una novela contemporánea que pretende ser "una catarsis", una historia del poder de la liberación emocional que el protagonista consigue arrancar de su fuero interno mediante recuerdos de vivencias transcurridas en su ciudad natal. Hay unos personajes que se nos antojan viejos conocidos pero que no nos atrevemos a revelar por si, finalmente, no son quienes sospechamos. Entre éstos cabe citar a don Isidro, "un trotamundos y un entendido en cuestiones artísticas" que posee una casa con "una exposición viviente de los mejores cuadros y de los mejores pintores". Desvelar su identidad -como la del resto de personajes-, sería tarea de cronistas e historiadores locales. A nosotros, meros lectores y amantes de todo cuanto enaltece Monóvar, no nos cabe duda del fervor del autor de esta novela por su ciudad natal.

Estos días, La fuerza incomprendida, torna a reeditarse. Una feliz noticia para cuantos deseen adentrarse en el Alicante interior, en los viejos pueblos donde aparentemente no pasa nada, pero que, sin embargo, han servido de marco al maestro Azorín y ahora, a través de finas estampas, al escritor Demetrio Mallebrera, quien siempre mostró una actitud favorable a sus orígenes, recreándose en su novela de forma lírica y llena de ensueño. También a nosotros los vapores de este ensueño nos hacen ver alguna que otra connotación entre esta novela y la prenovela azoriniana Superrealismo, de 1929, pero eso será cuestión de otro análisis diferente.

José Payá Bernabé

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