Ernesto Hernández y la Asociación de Estudios Monoveros.
Por José Payá Bernabé.
La cultura monovera ha tenido y tiene figuras señeras a las cuales podemos acudir en busca de sapiencia. Basta husmear en la Página Web de Rafael Poveda para darse cuenta de cuántos y cualificados personajes ha tenido y tiene Monóvar en los diversos apartados de pintura, literatura, fotografía, sociedad, historia e investigación, por poner un ejemplo. La lista, como puede observarse, es abrumadora. La historia de Monóvar está plagada de mujeres y hombres que han contribuido a engrandecer nuestra Cultura con mayúscula.
No hay muchas páginas Web como ésta que demuestran el buen hacer de una población que apenas llega a 14.000 habitantes. Y digo que hay pocas páginas similares por dos razones: la primera, porque no todos somos capaces de hacer un estudio tan profundo y audaz de la intrahistoria de una ciudad, con sus pros y sus contras, con sus desvelos críticas y halagos. Es un ejemplo que otras poblaciones han sido incapaces de llevar a cabo. Ahí esta el mérito-inconmensurable- de la página Web de Rafael Poveda.
En segundo lugar, y esta es otra de las claves, hay pocas poblaciones con tantas cabeceras de prensa, tal cúmulo de escritores, pintores, políticos, fotógrafos, investigadores, profesores y bodegueros por metro cuadrado. Y si las hay, han sido incapaces de ser incluidos en una misma página, con enlaces que nos remontan a sus abuelos y bisabuelos.
En medio de tanto intelectual o artista, ocurre a veces que no nos percatamos, suficientemente, de ciertos personajes que apoyan acciones culturales en silencio, intentando fomentar las actividades sin el menor ruido, pero con una enorme carga de entusiasmo y cariño hacia las Instituciones. Uno de estos casos es el de Ernesto Hernández, miembro de la Asociación de Estudios Monoveros, tristemente fallecido.
Ernesto era una persona de ideología tolerante, liberal, progresista, cuya única preocupación-al menos en los últimos veinte años-, era el deseo de forjar un buen futuro a la asociación, a la revista Monóvar, al club de jubilados o a su querida Rondalla a la que dedicó la friolera de cuarenta años. Cualquier proyecto de índole cultural que pasara por sus manos era bien recibido. No tenía prejuicios sociales y sí preocupaciones universales y eso era bueno para un amante de la cultura, vista desde su óptica de hombre normal, callado, sin grandes pretensiones.
Su espíritu bondadoso, de gran moralidad, produjo al fallecer una profunda melancolía entre quienes le conocíamos. Muchos asociarán su nombre al de Rafael Prats, presidente de la Asociación y alma mater de la revista Monóvar, tan entrañablemente unida a la AEM y a bastantes de los personajes sobresalientes de la página Web de Rafael Poveda.
La intrahistoria de Monóvar es fundamental para entender muchas cuestiones. La labor callada y tenaz desarrollada por Ernesto Hernández, ayuda a comprender qué es y por qué la asociación de Estudios Monoveros, algo extrapolable a figuras emblemáticas como Luis Vidal Maestre y El Palera; José Mallebrera y la Cruz Roja o Francisco Montoro Pina y el Casino de Monóvar, por poner sólo tres ejemplos.