ALGUNOS DATOS DE LA VINCULACIÓN DE AZORÍN CON PETRER

José Payá Bernabé.

En la madrugada del 8 de diciembre de 1958, un escritor de ochenta y cinco años, en la quietud de su cuarto de trabajo, sentado en su mesa camilla, junto a un flexo diminuto, intenta pergueñar rasgos de su autobiografía. Desde su hogar, en la calle Zorrilla de Madrid, recuerda que Monóvar - su querida ciudad natal -, se encuentra a cuatrocientos diecinueve kilómetros; que Alicante - donde por vez primera descubrió la belleza del mar en 1892 -, está unos kilómetros más allá y que el Valle de Elda - su "espléndido" valle -, aparece "al salir el tren del túnel de la Correta", único en una línea que ha recorrido en decenas de ocasiones y sobre la que basó su novela Superrealismo en 1929.

El túnel de la Correta ha sido descrito por él numerosas veces. Ahora, en su vejez, recuerda la impresión profunda que experimentaba al salir el tren de este túnel: "impresión de cielo tenuemente azulado, de espaciosidad, de dulce sedancia, de luz suave, de blanco deslizamiento hacia el Mediterráneo". Y es que allí, junto a la vía, se encuentra Elda, con su huerta verde; la eminente e ingente Peña del Cid y Petrer, la amada Petrer, la cuna de su madre.

En esta noche fría de diciembre, en sus aposentos privados, la emoción rezuma entre los papeles que va emborronando. Viene a su mente el humilladero que hay al salir de Elda, camino de Petrer, lo cual le lleva a recordar que Germond de Lavigne llama a esta población jolie petite ville. Una cita que, años más tarde, seguirá presente en su pensamiento ya que, el 28 de marzo de 1964, mandará una cuartilla manuscrita desde Madrid, encabezada con su membrete de Azorín, en términos que dan fe de su cariño por Petrer:

" El humo de los antiguos alfares se disolvía en la chafanidad de la mañana.

No se disuelve - es perdurable - el recuerdo de la que un extranjero llamó jolie et petite ville, hoy acrecentada".

En Petrer - sigue narrando Azorín en su autobiografía de 1958 -, "teníamos parientes de mi madre; era mi madre de Petrel; poseíamos allí una casa, muy bonita, una bodega, y predios rústicos. Sitúo en Petrel la acción de mi novela El Enfermo, y parte de Antonio Azorín. El Pascual Verdú de esta novela es Miguel Amat y Maestre, tío de mi madre. ¡Qué tragedia la suya¡. ¡Qué bello porvenir en Madrid se le frustró¡. De la casa de Petrel recuerdo la sala, en el piso principal, de pavimiento blanco con ramos azules; no olvido unas alacenas que allí había; ahora se ha perdido la voz "alacena" y dicen "armario empotrado en la pared. Hay que reírse…"

De los "armarios empotrados" tornará a hablar días después. Precisará que "la alacena más preciosa que he conocido estaba en Petrel, en la casa nativa de mi madre; cuando de tarde en tarde, íbamos a Petrel, yo dormía en una salita con una alacena. Estaban empapeladas las paredes de un papel blanco con ramos azules; el papel cubría también la puertecita de la alacena. En la alacena encontraron mis manos de niño botecitos de antiguos afeites femeninos, cintas de seda, un acerico, un cartón de botones de nácar, papeles amarillentos, varios libros, entre ellos, la Rondalla de rondalles , de Fray Luis Galiana; la conservo."1

La autobiografía se centra, asimismo, en Monóvar que "es también como Petrel, una ciudad bonita, clara y limpia, sin barullos ni voceríos".

Con todo, sorprende que uno de sus últimos escritos, uno de sus célebres "Papeles" de Las conversaciones con Azorín , de Jorge Campos2, al sintetizar su propia biografía, condense la mayor parte de sus pensamientos en Petrer y, por añadidura, concluya este manuscrito comparando positivamente a Petrer con su ciudad natalicia.

Esta coincidencia de Petrer con Monóvar no debe parecer extraña al lector. En el fondo, estas dos poblaciones representan un concepto amable para el escritor, en claro contraste con " la adusta Yecla", ciudad en la que se formó su espíritu. En Ejercicios de Castellano (1959), refiere: " El pueblo de mi padre - Yecla - es una severa ciudad de larga Historia; el pueblo de mi madre - Petrel- es un pueblo limpio y alegre; una guía le llama jolie petite ville".

 

ANTECEDENTES

Entre los antepasados de J. Martínez Ruiz por la rama materna figuran, entre otros, Pedro Ruiz Hernández Yagüe, familiar del Santo Oficio, casado en Monóvar con Catalina Escrivana Romero; Fernando Ruiz, Rector de la Iglesia parroquial de Monóvar; Pedro Ruiz Miralles, Licenciado presbítero que recibió, en 1708, el título de Noble Hijodalgo de manos del Rey Felipe V.

Descendiente de este árbol genealógico fue Amancio Ruiz Mira, de Monóvar, que se casó con Josefa Maestre Rico, natural de Petrer. Josefa y Amancio tuvieron dos hijas: Josefa María Roberta, que falleció con un año de edad, y María Luisa quien, con el tiempo, se convertiría en la madre de Azorín.

Si nos centramos en la vinculación del escritor con Petrer habría que hacer alusión, entre otros, a estos personajes:

La abuela.

De Josefa Maestre Mira habrá que seguir profundizando en la investigación de sus dotes empresariales, entereza y capacidad de trabajo. Hija de José Maestre Pérez y de Luisa Rico Marqués, de Petrer y Alicante, respectivamente, tuvo seis hermanos: José Luis, Dolores, Elena, Pedro, Ramón y Luisa. Los tres primeros fallecieron con anterioridad a 1869.

Josefa dedicó toda su vida a adquirir terrenos, acciones y otras propiedades - muchas de ellas siendo viuda -, en un intento loable de conseguir el máximo posible de bienes con los cuales dotar a la única hija que le quedaba, María Luisa. Así, en 1867, compra, por venta judicial, la finca de Gertrudis Payá Rico y, en 1869, hereda de su madre y recibe la legítima de su padre, que contaba con setenta y nueve años. En esa época, Josefa ya era viuda y tan sólo contaba con 46 años. De sus padres, a modo de síntesis, recibió 1/3 de los bienes de su madre; dos tahullas de huerta con agua de riego de la villa de Petrer; otras dos tahullas de huerta; cuatro tahullas de olivar con agua; ¼ de muebles y enseres de la casa paterna y una cantidad en metálico de quince mil quinientas setenta y cinco pesetas con ochenta y nueve céntimos.3

De esta forma, con el capital heredado, más lo que hubiera dejado su esposo, comienza una carrera frenética en busca de constituirse en una de las mayores terratenientes de Petrer y su entorno. Ese mismo año, 1869, permuta una huerta con su hermano Pedro; presta a su hermana seiscientos setenta y cinco reales; realiza escritura de venta, con pacto de retracto, con Miguel Beltrán y su consorte Angela Payá; otorga escritura de arriendo con hipoteca a favor de Miguel Beltrán Reig y, lo más importante, adquiere a los herederos de José Verdú Navarro un molino harinero y un martinete de mojar esparto situado en el pantano de Elda, por un importe de tres mil trescientas ochenta y cuatro pesetas.

El molino fue arrendado, por vez primera, a José Maestre Beltrán, a razón de diez reales vellón diarios pagados por meses anticipados. Todos los pagos se anotaban en una libreta que aún se conserva, llevando el arrendatario otra idéntica. Desde mayo de 1869, en que tomó posesión Josefa Maestre -, hasta julio, el molino permaneció cerrado, sin arrendatario, motivo por el cual se perdieron ciento cincuenta pesetas. Desde que salió José Maestre hasta que entró Vicente Belló transcurrió un mes y se perdieron setenta y cinco pesetas. Al irse Belló, entró Aparicio Mira, pasando otro mes y dejándose perder lo equivalente a setenta y cinco pesetas. Luego se fue Mira y entró Ilario Tordá, perdiéndose, en el relevo, noventa pesetas. Después vino Nibordio Pina, sustituyéndole Antonio Mañez, con la consiguiente pérdida de doscientas veinticinco pesetas. Además, José Maestre marchó adeudando ciento ochenta pesetas y Vicente Belló ciento cincuenta, por lo cual se perdieron, en poco tiempo, novecientas cuarenta y cinco pesetas del arrendamiento del molino harinero por parte de la abuela de Azorín. En mayo de 1876, Josefa Maestre hizo balance de lo ganado y gastado en el molino harinero de Elda, resultando que el cargo de los productos o rentas del molino ascendía a siete mil quinientas cincuenta y seis pesetas y veinticinco céntimos y que había pagado por todos los conceptos ocho mil noventa pesetas con veinticinco céntimos, según lo cual había perdido quinientas cuarenta y seis pesetas en este negocio.

Este obstáculo no hizo mella en Josefa quien, en 1870, acepta un pagaré de Miguel Beltrá Ruiz, de Petrer, según el cual, le adeudaba doscientas treinta y seis pesetas y treinta y un reales. En 1871, Josefa Maestre compra tierra de huerta con agua a su colindante y familiar Enrique Amat Maestre. También recibe tres mil cuarenta y tres pesetas y setenta y ocho céntimos provenientes de restos de la herencia paterna y realiza el inventario y justiprecio de las piezas que constituyen el artefacto del molino harinero, importando la cantidad de tres mil cuatrocientas setenta y una pesetas y ochenta y siete céntimos. Por último, adquiere la finca de Pascual Soria Benito y de Magdalena Navarro Mollá, consorte de Antonio Vicedo Guijarro, todos ellos de Petrer. Un año después, en 1872, arrienda el molino harinero a Nibardo Pina Prats. En 1873 - año del nacimiento de J. Martínez Ruiz -, permuta tierras con José Maestre y, en 1874, efectúa una obligación con hipoteca de tierra a Juan Brotóns Payá, de Petrer, al que presta setecientas cincuenta pesetas. Asimismo, en 1875, adquiere otra huerta con agua en esta localidad perteneciente a Ana María Payá Poveda, consorte de Antonio Máñez Lloréns , quienes venden compacto de recto.

El 31 de enero de 1875, a los cincuenta y seis años, "por convenio a sus intereses", decide trasladar su domicilio a Alicante, conforme oficio que dirige a Enrique Amat Maestre, alcalde de Petrer. Ello no quiere decir, que abandone sus negocios en esta localidad: en 1876, adquiere - por venta judicial - , tres nuevas fincas de Petrer; mantiene en esta villa un pleito de testamentaría, referente al molino harinero, con Higinio, Constantino y María Verdú Mañez; interviene en una permuta de bienes de Petrer entre José Pérez Mollá y Francisco Cortés Bernabéu a favor del primero.

Para percatarnos hasta que punto llegaba la influencia de la abuela de J. Martínez Ruiz hemos seleccionado una serie de créditos que tenía concedidos a diversas familias de Petrer:

Nombre Año Concepto Int. Ptas.

A. Payá Vicedo 1869 Hipoteca 10% 4000

  1. Vicedo Guijarro 1871 Escritura -- 6000

A. Andreu Montesinos 1872 Hipoteca 10% 2000

  1. Poveda Rico 1872 Hipoteca 10% 7000
  2. Payá Payá 1873 Hipoteca 10% 16000

B. Payá Payá 1871 Hipoteca 10% 4000

Id. y A. Poveda T. 1877 Escritura 10% 15000

  1. Rico Planelles 1865 Hipoteca --- 13200
  2. Cortés Poveda 1874 Hipoteca 10% 3000

E. Amat Maestre 1876 Recibo -- 4000

  1. Amat Maestre 1876 Recibo -- 2000
  2. Maestre Amat 1874 Escritura 9% 8000
  3. B. Maestre Pérez 1875 Recibo 10% 3000
  4. Mata Montesinos 1876 Recibo 10% 4000
  5. B. Payá Payá 1869 Recibo 10% 5000

J. Brotóns Brotóns 1869 Hipoteca 10% 1500

  1. Payá Vicedo 1866 Hipoteca 9% 4000
  2. Brotóns Payá 1874 Hipoteca 10% 3000
  3. Navarro Cortés 1874 Recibo 10% 4000
  4. Castelló Santacreu 1871 Hipoteca 10% 4000
  5. Poveda Payá 1872 Hipoteca -- 6600
  6. Amat Sempere 1875 Hipoteca 10% 10000
  7. Poveda Payá 1876 Hipoteca 10% 5000
  8. Navarro Mollá 1869 Hipoteca 10% 2000
  9. Payá Bebiá (Agost) 1868 Escritura -- 2000
  10. Beltrán Reig 1869 Recibo -- 2000
  11. Brotóns Brotóns 1873 Hipoteca 10% 4000
  12. Montesinos Amat 1872 Recibo 10% 2000
  13. Reig Navarro 1868 Recibo -- 220
  14. Amat Sempere 1874 Escritura 10% 6000

 

Como puede apreciarse esta señora debió de ser uno de los ejes que movió la sociedad petrerense en aquellos años. Josefa Maestre falleció en Monóvar el 27 de diciembre de 1876, dejando sus bienes a María Luisa Ruiz Maestre , madre del autor de Castilla . María Luisa ya estaba casada desde hacía cuatro años con Isidro Martínez Soriano , natural de Yecla. Contaba con treinta años de edad y dos hijos: María del Remedio y Pepe (Azorín).

Del testamento de Josefa Maestre, por su interés hemos entresacado que destinó ochocientas cincuenta pesetas para gastos de su propio funeral; ciento cincuenta pesetas para los pobres más necesitados de Petrer y Monóvar , a partes iguales. Nombró albaceas a su hermano Ramón y a Gabriel y Luciano Pérez, todos de Petrer; Nombró heredera única y universal a su hija María Luisa y pidió que se pagasen cuatro mil quinientas pesetas a Isabel y María Máñez Lloréns , "por su reclamación de cierta parte del molino harinero".

A su hija , en concreto de Petrer, le dejó: dos tahullas de huerta valoradas en 2500 pesetas ; cuatro tahullas de 2250 pesetas; dos tahullas de 2500 pesetas ; tahulla y media valorada en 750 pesetas ; tahulla y media de 1000; otra tahulla, 1250 pts; siete tahullas, 3100 pesetas ; tahulla y media, 900 pts ; nueve tahullas , 2200 pts; un corral, 30 pesetas ; es decir, diez fincas que había adquirido a su vez, de sus padres.

Además le legó tres tahullas, 1900 pesetas ; tahulla y media , 800; tahulla y media, 700 pts; una tahulla, 1300 pts; una tahulla y media, 750 pts; dos tahullas, 600 pesetas; ¾ de tahulla, 150 pesetas; ¾ de tahulla , 500 pts; dos jornales de tierra , sitos en Catí ; tres jornales de tierra, 200 pts; 1/3 de la casa de labor compuesta de dos plantas, 200 pesetas ; ocho jornales y 2/3 de tahulla,1000; además de otra propiedades y fincas rústicas de Elda y créditos que quedaban por cobrar, 22 fincas rústicas en el término de Petrer; dos fincas rústicas en Elda; seis fincas urbanas en Petrer y una veintena de créditos que recuperar.

Bonifacio Navarro Poveda4, corrobora que la abuela de J. Martínez Ruiz "reunió un gran número de propiedades en Petrer, Elda, Monóvar y Salinas. Como botón de muestra, sabemos que en Petrer tenía concedidos créditos e hipotecas a treinta familias por un toral de 152.500 pts".

 

La madre

María Luisa Ruiz Maestre nació en Petrer, a las 22,30 horas, del 7 de junio de 1845. Sus abuelos paternos fueron Blas Ruiz y Josefa María Mira, de Monóvar. Se casó con Isidro Martínez Soriano, natural de Yecla, abogado, diputado provincial, presidente local del Partido Liberal Reformista y alcalde de Monóvar. El matrimonio llegó a tener nueve hijos , falleciendo el mayor (Luis) a los siete meses . Al resto se le impusieron los nombres de María del Remedio, José, Mercedes, Amancio, Ramón, Consuelo5, Amparo y Pilar .

Al casarse María Luisa, en 1872, cerró su casa de Petrer, y se trasladó a Monóvar, calle de la Cárcel , número 5 ( hoy ,calle Azorín) . Tres años después, al fallecer su tía Loreto Ruiz Mira, la familia se traslada a la casa enclavada en los números 4 y 6 de la calle Salamanca, en donde actualmente está ubicada la Casa-Museo.

Como había hecho su madre, María Luisa - asesorada por su esposo- , fue adquiriendo más propiedades , convirtiéndose en una distinguida hacendada. A los tres años de casados ya habían enriquecido sus bienes con:

- Dos tahullas en Petrer, partido de los Olivaricos; comprada por seiscientas cincuenta pts.

- Un huerto de doce tahullas con árboles frutales y parras, sito en Petrer, partido del Chorret. Lo adquirieron por 5000 pts.

- Una huerta en Petrer, partido de las Huertas. Lo compraron por cuatro mil trescientas setenta y cinco pts.

- Una tahulla y dos cuartas en Petrer, partido de la Rambla . Costó doscientas cincuenta pts.

- Medio olivar en Petrer, partido del Cuadro. Costó dos mil pts.

- Una huerta en Petrer, partido de las Huertas. Costó tres mil pts.

- Una huerta llamada del pleito, en Petrer, partido de las Huertas . La compraron por tres mil seiscientas veinticinco pts.

- Una casa en Monóvar, calle Cárcel, nº 11. El solar costó dos mil quinientas ochenta y dos pts.

- Parte de un monte situado en la "La Zafra" en Monóvar . Precio mil ciento setenta y cinco pts

- Dos jornales de viña en Monóvar, partido del Collado de Salinas. Costaron dos mil una pts.

- Veintiocho jornales de tierra viña en Monóvar, partido delo Collado de Salinas. Costó seis mil ciento veinticinco pts.

- Catorce acciones y media de las ochenta y cuatro en que se hallaba dividida la Mina de Agua "Remedio del Pueblo" en Monóvar , partido de la Solana o Pedrera. Costaron ocho mil ochocientas trece pts y cincuenta céntimos.

En 1877 , el matrimonio Martínez-Ruiz intervino en la venta de tierra de regadío otorgada por Rosendo Payá Cortés a favor de Josefa Ponti Vilaseca, ambos de Petrer . Dos años más tarde, adquirieron la finca de Francisco Ponti Vilaseca, hermano de la anterior, por doscientas cincuenta pts, así como permutan seis fincas a nombre de María Luisa con Manuel Castillo Pérez, de Petrer, por nueve mil setecientas cincuenta pts. Más otras tres fincas que pertenecían a la madre de Azorín. Las fincas permutadas tenían un valor de tres mil novecientas treinta y siete pts y cincuenta céntimos, recibiendo María Luisa un huerto por valor de cinco mil ochocientas setenta y dos pts y cincuenta céntimos. Ninguna de las dos partes se hicieron abono alguno, salvo la cantidad al principio indicada.

En 1880 compraron dos fincas de Petrer a Basilia Amat Rico y José Rico Amat. Después adquieren, por seiscientas cincuenta pts, dos tahullas de esta localidad a Nicolás Martí Francés . En 1883, Manuel Amat Soria vende a los padres de Azorín una huerta plantada de alfalfa, con agua, sita en Petrer. Lo mismo ocurre con Luciano Pérez Planelles al precio de mil pts.

En 1885, José Rico Amat les vende un huerto cercano a Petrer y otra finca - en escritura aparte - al precio de tres mil seiscientas veinticinco pts. Diez años más tarde, Ramón Maestre Rico, tío de María Luisa, adeudaba a ésta cuarenta y cinco mil doscientas cincuenta pesetas cancelando la deuda con una serie de fincas y acciones que pertenecían al primero.

Al fallecer los hermanos José María y Ermetio Maestre Candel, en 1898 , María Luisa y su tío Ramón Maestre Rico se reparten los bienes que poseían de Luisa Maestre Rico, quien había estado casada con Miguel Amat Maestre. Luisa - hermana de Ramón y tía carnal de María Luisa - había fallecido, en Madrid, el 25 de Junio de 1880. De ella heredaron su viudo - el usufructo de las fincas - sus hermanos Ramón y Pedro , sus sobrinos José María y Emeterio y la madre de Azorín, de ahí que volviera a efectuarse el nuevo reparto.

Merced al Libro de Amillaramiento que se custodia en el Archivo Municipal de Petrer, conocemos que, en 1900, "las tierras que pertenecieron a María Luisa en Petrer estaban a nombre de su esposo Isidro Martínez y se componían de 8 hectáreas de terreno de regadío, excepto 2,5 tahullas de tierras de secano en la partida de Catí".6

Además de las propiedades enumeradas, los padres de Azorín contaban con bienes en Bilaire, Belix, Horca, Zafarich, Chinorla, Cañaeta, Cañada, Petrer7 y en las calles Bohuero, Salamanca, Santa Bárbara y Cárcel de Monóvar. Todo esto fue, en definitiva, lo que permitió a Azorín y sus hermanos nacer en el seno de una familia tradicional, católica, acomodada, conservadora y con una serie de condicionantes que le hicieron más fácil su afición por los libros: sólo en la biblioteca familiar se conservaban más de ocho mil volúmenes. De todas formas, José Martínez Ruiz pronto se rebeló contra el ambiente que le rodeaba y comenzó a erigirse como un infatigable luchador en pro del anarquismo de ideas, estando considerado como uno de los más decididos portavoces de la intelectualidad ácrata.

También su madre tuvo un papel destacado en sus comienzos de anarquista literario ya que, a escondidas de su esposo, financió algún que otro polémico folleto editado por su hijo en Valencia8. Asimismo, intervino, decisivamente, en convencer a su esposo de que Pepe - a la sazón con 35 años -, había acertado en la elección de Julia Guinda, su futura esposa.

Es innegable que inculcó a su hijo Pepe un orden, un sentido religioso, una forma de ser, que luego - salvo determinados paréntesis -, dieron por resultado un escritor con un carácter muy semejante a su madre, a la que citó, con enorme respeto, cariño y admiración, en bastantes de sus obras, como Las confesiones de un pequeño filósofo ;Memorias inmemoriales; Agenda; Ejercicios de castellano o sus "papeles" en Conversaciones con Azorín.

La influencia materna ha sido analizada por la práctica totalidad de sus biógrafos9. García Mercadal asegura que " en Azorín (hay) un predominio materno, del que dimanan todos los efectos de la personalidad; método de vivir, claridad descriptiva, escrupulosidad, estilo breve, transparente, pensamiento concreto, sin hojarasca".

Por su parte, Enrique Amat10, considera que "Azorín sentía un cariño entrañable por su madre", apoyándose en la opinión de Rico Verdú en Un Azorín desconocido :

" Siempre que hay un movimiento de simpatía hacia la mujer, podemos descubrir en la pintura que nos ofrece de ella, a su propia madre. En unas será más claramente, en otras de una manera más velada; pero en todas hallaremos la descripción, desde uno u otro ángulo, de la madre. Con todas ellas se sentirá más o menos identificado".

Era una mujer minuciosa. Escribía los pormenores ocurridos en su hogar: la fecha en que le cortaron el pelo o pusieron los pantalones largos a su hijo Pepe, son un ejemplo de ello. En este sentido dice Azorín:

" Mi madre llevaba en varios cuadernitos la apuntación de todo lo notable que pasaba en la familia. Alegrías, tristezas, viajes, compras, comidas extraordinarias, todo lo iba escribiendo mi madre, con letra grande y fina".

En la Casa-Museo de Monóvar, Obra Social de la CAM, se conserva un cuaderno de recetas de repostería elaboradas por ella. Es un cuaderno de hojas rayadas, de unas trescientas páginas manuscritas, en el que anotaba las recetas a medida que las iba comprobando. Es curioso que sólo empleara medidas caseras, de uso regional, como una cáscara de huevo, la jícara, la taza, el vaso, dedos, arroba, cuarterón, cuarta, onza, mesura, micheta y cántaro.

José Martínez Ruiz, según refiere en el capítulo "La herencia" de Memorias Inmemoriales, pensaba con gusto que " esa minuciosidad suya en la observación derivaba de la mujer que se encerraba para escribir en un cuaderno los gastos de la casa y que la recorría toda, comprobando si estaba limpia o no".

Entre sus hijos, Pilar era la más similar en el aspecto físico. Psicológicamente, como hemos explicado, el más parecido era Pepe. Amancio llegó a describirla con estas palabras:

" Era de figura esbelta, de continente atractivo, nobles modales y compostura señoriales; de cutis fino, ojos azules, serenos, copiosa cabellera castaña de visos dorados, la expresión del rostro limpia, bondadosa, revelando el candor de su carácter sin artificio. Su ternura no se manifestaba en arrebatos estrepitosos de cariño, sino apacibles, dulces. Hija única, se había criado con la delicadeza que facilita el bienestar, y su educación fue esmerada, fiel guardadora de los preceptos religiosos en el cumplimiento de sus rezos, con pureza de fe".

María Luisa Ruiz Maestre falleció, en Monóvar, el 13 de octubre de 1916, a los 71 años de edad. Los funerales se realizaron en la capilla privada existente en su casa de la calle Salamanca, hoy convertida en Casa-Museo.

En 1919, lo hizo su padre y los avatares de la vida, entre los que destaca una incruenta guerra civil, hicieron que, en pocos años, la fortuna acumulada por la abuela y los padres de Azorín, desapareciera hasta extremos insospechados.

 

 Su hermano Amancio.

Heredó el nombre de su abuelo materno. Escribió un libro inédito titulado Una Menestra en el cual alude, con cierto cariño, a sus visitas a esta localidad. Realizó un papel fundamental como custodio del legado y de la biblioteca del hogar de los Martínez Ruiz y fue uno de los pocos enlaces del escritor con España durante su exilio en la guerra civil. Frecuentó Petrer, dejando testimonio de sus impresiones:

" Me gustaba a mí Petrel. Me era y ha sido muy agradable, de costumbres sencillas, sanas, y el trato afectuoso de sus gentes que la proximidad fabril de Elda no desvirtuado aún. Posee abundante agua, hermosos nogales, frutas. Recuerdo las cerezas de las umbrosas cañadas de Catí, en el seno del contiguo monte del Cid, cuya altiva cumbre se conoce por la peña del Cid, y los encornados o gualdas acerolas, convertidos por mamá en riquísima compota. En sus viejos alfares se obran multitud de cacharros: cántaros de contorno definitivo, graciosos cantarillos y jarras, botijos en un barro rezumante, delicia de los ardores estivales".

Interesante descripción de Petrer por Amancio, abogado, soltero, autor de El Caletrario y una persona - según Azorín - comunicativa, en la cual " todo está supeditado a la dignidad"11.

Su hermano Ramón

El hermano varón más joven. Estudió la carrera de médico y, en bastantes ocasiones, ejerció como tal ante el propio Azorín y los demás miembros de su familia. Azorín le inmortalizó especialmente en Memorias (1943) y Memorias Inmemoriales (1946). Se casó con Carlota López Aguilar, de La Puerta del Segura, en Jaén. Allí fueron a vivir el matrimonio. Como había heredado algunas propiedades en Petrer, tras el fallecimiento de su madre, en 1916, tanto su hermano Amancio como Bernardo Rico - el encargado de las fincas de Monóvar -, y José Beltrán, quien las tenía arrendadas, le daban cuenta a través de la correspondencia. Así, desde Monóvar, el 18 de marzo de 1918, con membrete de cartas tachado de Azorín como Diputado a Cortes por Sorbas, Amancio le manifiesta:

"Querido Ramón: ayer tarde estuve en Petrel con Bernardo. Acompañados de Pepet y Bartolo vimos tus tierras, se las enseñé a Bernardo. Ramón no estaba, aunque avisé con dos días de anticipación.

Díjome Pepet que estaba en tratos de tres o cuatro trozos ( de los diez que tienes). Uno de ellos, el llamado Cuesta de olivar, ya está vendido en 500 ptas., es decir, que se convino en acceder a la venta. El comprador está en Argel, pero Pepet está autorizado para venderlo en ese precio.

Por la media huerta, camino de Elda, ofrécese 1350 pts, pero como el precio es algo bajo, se espera obtener mayor ventaja, y no hay nada en concreto.

Lo mismo pasa con el olivar camino de Elda, que ofrecen 2000 pts, y se puede sacar más.

La Huerta del Portal, el comprador que salió anda zorreando. Este es un buen trozo al que se le puede sacar 5000 pts, y hay que proceder con alguna calma.

A Bernardo le dejo copia de todas las fincas, como la que te devuelvo, pero sin los precios, para que tenga los datos e ir dando los pasos de ventas.

Le hablé a Pepet de algún dinero, y me dijo que él acostumbraba a pagar a la recolección del trigo y al finalizar el año agrícola. Que como antes lo llevaba todo junto, había entregado mil pesetas. Creo, pues, que tu arrendamiento entiende que empieza a contarse desde este año.

Por la cuenta que se sacó por encima, Pepet pagará 86 duros y Ramón 103.

Puedes entenderte con Pepe el notario y con Bernardo (Salamanca, 11), a quienes doy instrucciones de todo lo referente a la tuyo, y podéis escribir a Ramón, ya que no me vio, para que te diga cómo está de cuentas contigo. En último caso, Bernardo puede proceder sin tantos miramientos.

A Bernardo también le dejo encargado que vaya diciendo si se puede echar fuera lo de la Barquilla y el trocito de la huerta de Monóvar.

Mañana lo pasaré en Yecla; regresaré pasado y el 23 ó 24 saldré para Madrid. Si se te ofrece algo de la Corte escríbeme a Zorrilla, 13, 1º. Recuerdos de tu hermano, Amancio".

Por su parte, José Beltrán, desde Petrer, el 27 de abril de 1918, remite una misiva a Ramón encabezándola con un cariñoso " mi estimado amo y amigo". Leemos:

" Al frente tengo su estimada del 24 de abril y enterado de su contenido debo de manifestarle que supuesto que en ella me dice que vendrá V. a Monóvar por todo el mes de Mayo próximo para qué quiero decirle nada por escrito supuesto que verbalmente nos podemos entender más claro y decirle todo cuanto hay respecto a lo que en la suya me dice.

Así es que espero me avise cuando venga a Monóvar para yo bajar y hablar con V. y decirle lo que haya.

Saludo a su Sra y demás familia y V sabe puede disponer este su mejor amigo, José Beltrán".

 

 

Silveste Verdú.

Natural de Monóvar. Conocido por Marcolán, seudónimo extraído de una obra del Duque de Rivas. Era un viejo sabio. Paseaba junto a Azorín, por los jardines del Casino de Monóvar, si apenas pronunciar palabra. Meditaban. Su amistad duró muchos años, desde que ambos frecuentaban el trinquete de Monóvar, colaboraban en la prensa local y cursan ambos la carrera de derecho. José Alfonso, en Azorín íntimo, los define escuetamente: " Hermético y concentrado uno; abismado en su vida interior el otro. Pocas palabras. Espectadores de la propia fiesta de sus pensamientos. Dos vidas paralelas"12.

El destino hizo que Marcolán tuviera que trasladarse a vivir a Petrer. Azorín lo recuerda: " los azares de la vida le obligaron a establecerse en Petrel; vivía en casa de una hija, y allí murió13 no hace muchos años".

 

El abuelo materno.

Su nombre era Amancio Ruiz Mira y, aunque era de Monóvar, vivió muchos años, en Petrer, donde contrajo matrimonio con Josefa Maestre Rico. Debió de fallecer joven ya que su esposa enviudó a los cuarenta y pocos años.

En alguna ocasión, Azorín se había quejado acerca de cómo había transcurrido su vida, imbuido en sus lecturas e imaginando cómo sería el mundo real. Tal vez por esto, llegó a admirar secretamente a su abuelo materno. Fue el mismo Azorín quien lo contó en un espléndido artículo en la revista Blanco y Negro, que se complementaba perfectamente con una ilustración de Méndez Bringa:

"… ¿ Cómo era este buen abuelo materno, de quien nadie se acordaba ? ¿Qué había hecho en el mundo? (…). Yo insistí en mi curiosidad, y a los postres, mi madre se levantó ligera, salió del comedor y torno al poco tiempo con una vieja fotografía en la mano. Era el retrato de mi abuelo paterno. Y era un señor vulgar, sin aspecto de nada, sentado cómodamente en una silla, junto a un soporte cuadrado en que había colocada una maceta. No tenía aspecto de nada, pero mirando detenidamente su faz, se observaba en ella, (…) unos labios duros, apretados, recios (…) que daban a la fisonomía un aire de impasibilidad, de sensualidad y de penetración…

- Mamá - dije yo después de mirarlo un momento: - mamá, ¿qué hacía el abuelo?

- Nada - dijo mi madre; - tu abuelo era rico y vivía en una casa grande; había viajado mucho en su juventud; luego se retiró al pueblo y no volvió a salir más. El decía que sus tres solos amores eran: el silencio, el agua y los árboles. Tú no sé si te acordarás de que en casa del abuelo había una buena biblioteca; pero el abuelo no leía sino de tarde en tarde algunas páginas ; la biblioteca permanecía cerrada; y cuando venía alguien a pedirle un libro, el abuelo lo llevaba al huerto de la casa, hacía traer unas copas y unas pastas, y allí, charlando y paseando entre los árboles, dejaba pasar el tiempo y hacía que el convecino se olvidase del libro…

- Mamá - he exclamado yo -, ¿sabes que el abuelo era un gran artista?

Todos han sonreído ligeramente; no tomaban en serio, como es natural, mis palabras. Pero yo he creído desde entonces que este abuelo14 materno, eclipsado por el esplendor del otro abuelo , indiferente a la posterioridad, morando en una casa ancha con un huerto, amando el silencio, el agua y los árboles - y no poniendo estos amores en renglones pequeños -, era el verdadero gran poeta, puesto que vivía una cosa que el otro no viviera: la vida".15

 

 

El tío de su madre

Fue Azorín quien reveló a Jorge Campos, en 1964, que "sitúo en Petrel la acción de mi novela El Enfermo y parte de Antonio Azorín. El Pascual Verdú de esta novela es Miguel Amat y Maestre, tío de mi madre. ¡Qué tragedia la suya! ¡Qué bello porvenir en Madrid se le frustró!. De la casa de Petrer recuerdo la sala, en el piso principal, de pavimento blanco con ramos azules; no olvido unas alacenas que allí había".16

Don Miguel fue jurisconsulto, poeta, orador, Diputado provincial de Alicante en 1871 y vicepresidente de la Comisión Provincial un año después, dejando la Diputación, en 1876, a causa de su traslado a Madrid. Martínez Ruiz colaboró en la revista La Educación Católica, fundada por Amat, donde escribe su primer artículo con el seudónimo de "Fray José" sobre el padre Arbiol.

Para ahondar en su personalidad es imprescindible el estudio Don Miguel Amat Maestre (Pascual Verdú) y los orígenes literarios de Azorín, del profesor Salvador Pavía para comprender de forma global y coherente la evolución del joven Martínez Ruiz en sus inicios. Un trabajo que comenzó a perfilar, en 1973, José Rico Verdú en Un Azorín desconocido.17

 

El propio escritor

 Desde el mismo día en que lo bautizaron, el 9 de junio de 1873, al día siguiente de su nacimiento, ya dejaron constancia, en el libro de registro de la Iglesia de San Juan Bautista de Monóvar, de su nexo con Petrer. En la misma partida de bautismo ya consta esta población junto a los nombres de su madre y abuela.

José Augusto Trinidad Martínez Ruiz - tal como reza la partida de nacimiento firmada por Máximo Rico -, inmortalizó Petrer en obras tan conocidas como Antonio Azorín, Los Pueblos, Memorias Inmemoriales, El Enfermo18, Superrealismo, Agenda, Ejercicios de Castellano o Posdata. Para él, Yecla fue la ciudad adusta; Monóvar, la apacible; Elda, la industriosa y Petrer, "el amado Petrel". Sobras las palabras. De Azorín y Petrer queda mucho por decir, indagar e investigar. Esta población influyó decisivamente en su obra: los personajes "Pascual Verdú"19, "Sarrió", "Víctor Albert", o "Enriqueta Payá" son un buen ejemplo. También lo es que, en tono sincero, se dirija a "Pepita Sarrió. En Petrel", para confesarle que es preciso vivir " en este Madrid terrible; en provincias no se puede conquistar la fama. La fama no estamos muy acordes los que vamos tras ella en lo que consiste; pero yo puedo asegurar que el fajo de cuartillas que emborrono todos los días, lo emborrono por conquistarla"20.

En relación con esta población se conserva una bella epístola. Se trata de una carta de Azorín dirigida, el 16 de mayo de 1957, a Nicolás Andreu, alcalde de Petrer en esos momentos21:

" Mi distinguido señor: muchísimas gracias a todos por la honrosa distinción que se me otorga. Los años no han borrado la imagen; guardo un recuerdo indeleble de Petrel. Pasaron en Petrel - y el pretérito absoluto me conmueve días felices de mi infancia . La sensación de palidez es honda. Una lección ofrece Petrel, cual Elda, cual Monóvar: la claridad, sencillez, laboriosidad. No sé si, por mi parte, la habré aprovechado. En el área de la patria española cada territorio tiene su paisaje; nuestra tierra, a la coloración sobria, une la delicadeza. Salúdoles cordialmente a usted y a sus dignos compañeros de cabildo municipal. Azorín"

Olvidemos la distinción, el busto que Petrer erigió a Azorín. Quedémonos con el espíritu de esta carta, tal vez así comprendamos mejor el amor de Azorín por nuestra comarca: " El Valle de Elda reviste la forma del casco de un buque. (…) A una banda se levanta una colina de yeso y en su cumbre aparece Monóvar; al otro lado, en las faldas de otro altozano, se ve Petrel. Y abajo, tocando las aguas del río, está Elda"22.

Como cada por Navidad, el pintor monovero Francisco Peiró Hurtado remite al escritor alicantino y a su esposa algún óleo de la Comarca del Vinalopó. Azorín, una vez más, le acusa

recibo de la obra recibida que, en 1960, correspondía a una panorámica de Petrer. Lo hace a través de una carta mecanografiada, con membrete de Laponta Kai Memonta, el 28 de diciembre de 1960:

" Queridos Enriqueta Navarro Pastor y Francisco Peiró Hurtado, consortes: muchas gracias. La "vista de Petrel" es preciosa; evoca en mi resonancias sentimentales. Desborda de color, y nos da lo esencial. Y esa es la buena pintura.

Les deseamos, en 1961, muchas prosperidades. Y que D. Francisco23 recobre su perdida salud. No le olvidamos.

Cordialísimos saludos, Azorín y Julia".

 

Dentro del concepto de el paisaje como motivo literario, el Valle de Elda ha sido una constante azoriniana. El mismo reconoció que "La voluntad, Antonio Azorín, Los Pueblos, están escritos según la anotación minuciosa y exacta de mis cuadernitos". En el verano de 1929, en San Sebastián, Azorín concibió un viaje de Madrid a Monóvar en ferrocarril. Un viaje que había efectuado en bastantes ocasiones, pero que esta vez era imaginario. Como si de una cámara de cine se tratase, va dando pequeños planos de cuanto observa. " La llegada", en el capítulo XXX, torna a centrarse, con la precisión de un cuadernito, en el Valle, en el reino de los maravillosos grises anegado en luz, de

"los grises azules, grises verdes, grises morados, grises amarillo". Y, de nuevo, topamos con Petrer:

" El valle de Elda, espléndido, ante nosotros (…). A la izquierda de la vía, en lo hondo, a dos pasos, Elda; Elda, la industriosa, con sus fábricas. Más lejos, Petrel, en la falda de una colina; Petrel, casi disuelto, desleído en coloraciones y matices de una suavidad exquisita."

En 1930, en el semanario Idella, efectúa Azorín otro viaje imaginario rememorando " los viajes de niño, cuando iba de Monóvar a Petrel"24.

Ligado al Valle, siempre cita Azorín La Peña del Cid. Lo ha hecho decenas de veces en su bibliografía y a ella dedicó un artículo monográfico25, dando a conocer a nivel nacional que "el mayor monumento que tiene Rodrígo Díaz se levanta en la provincia de Alicante: la Peña del Cid. Domina la Peña del Cid el valle de Elda; señorea seis pueblos: Petrel, Elda, Monóvar, Novelda, Monforte - Monforte del Cid - y Aspe".

La visión azoriniana de Petrer es, como en las citas intermitentes al Valle de Elda o a la Peña del Cid, una interpretación, mediante pequeños detalles y rasgos sueltos, productos de su perspicaz observación, de una emoción, un sentimiento de aprecio y apego por esta ciudad y por unos personajes que influyeron poderosamente en su personalidad y, en consecuencia, en su legado literario.

Muchísimas26 podrían ser las citas referentes a la vinculación sin reservas de Azorín con esta tierra alicantina donde transcurrió parte de su infancia y a la que dedicó un lugar destacado en su extensa bibliografía. Su busca y lectura corresponde a cada uno de nosotros, como el más emotivo de los homenajes que podemos tributar a Azorín, de quien estos días conmemoramos su propio Año y el primer centenario de la Generación del 98 que él bautizó en febrero de 1913.

 


1Conversaciones con Azorín, de Jorge Campos, p. 223 y 224. Torna a incidir en la importancia de este libro en Ejercicios de Castellano , en 1959, al hablar de que su casa era bilingüe, defendiendo el valenciano: "Yo creo que un idioma se beneficia con el roce de otro idioma.(…) El valenciano tiene su medida y su sabor, la concisión del valenciano se ve cuando se compara, texto con texto, con otro idioma; el sabor se gusta cuando se lee la Rondalla de rondalles, de fray Luis Galiana".

2Madrid, Taurus, 1964, p. 117-120

3"Vínculos familiares de Azorín con Petrer", de José Payá. Petrer, Festa 87.

4"Administración de las tierras de Mª Luisa Ruiz. El libro de curadoría 1863-1970". Festa 94. Petrer, Ayuntamiento, 1994, pp. 50- 55

5Casada con el escritor Manuel Ciges Aparicio.

6"Explotación y administración de las tierras de Mª Luisa Ruiz Maestre", de Bonifacio Navarro Poveda. Petrer, Festa 94, pág. 51

7"En Petrel poseíamos también una bodega. En la de Monóvar guardábamos celosamente un barril de fondillón", cuenta Azorín en Agenda.

8Charivari, 1897

9Vid., por ejemplo, Azorín íntimo, de José Alfonso. Madrid, La nave, 1949; Azorín. Biografía ilustrada, de José García Mercadal. Barcelona, Destino, 1967; Azorín, de José Mª Valverde. Barcelona, Planeta, 1971 o Azorín íntegro, de Santiago Riopérez. Madrid, Biblioteca Nueva, 1979.

10"Sobre la madre de Azorín". Mi manera de pensar. Petrer, Ayuntamiento, 1991, p. 199 y 200

11"El juicio de Amancio sobre las cosas y los hombres es siempre certero", afirma Azorín en Memorias Inmemoriales.

12"Divagaciones en torno a un centenario (José Capilla Beltrán, 1897-1963)", de Ernesto García Llobregat. Elda, Fiestas Mayores , núm. 14, págs. 59- 65

13El tema de la muerte en relación a esta población lo trató en Antonio Azorin- - "Esta tarde hemos cumplido un deber triste: hemos acompañado hasta la santa tierra al que en vida fue nuestro amigo don Víctor. Una rambla abre su ancho cauce entre el campo santo y el pueblo" -, tal como recogió Mª Carmen Rico Navarro en "El cementeri vell"( Festa , pág. 91).

14Se refiere al bisabuelo paterno, don José Soriano García, personificado como "el abuelo Azorín" en Las confesiones de un pequeño filósofo.

15Blanco y Negro , 30 de diciembre de 1905 y En Lontananza,, de Azorín.

16Conversaciones con Azorín, pág. 119

17Vid. "D. Miguel Amat y Maestre", de Alberto Navarro Pastor. Moros y Cristianos, de Petrer, 1960 e Ideología, política y literatura en el primer Azorín, de A. Sánchez Martín. Madrid, Endymion,1997,págs. 17-19

18Describe en él las casa ricas y pobres de Petrer; sus hornos; sus fábricas, su historia; la Peña del Cid; compara París a Petrer y alude a "ese camino viejo, torcido y hondo" por donde tantas veces hizo el recorrido desde Monóvar.

19Miguel Amat Maestre donó parte de su biblioteca a Azorín, conservándose algunos de estos volúmenes en la biblioteca familiar de la Casa-Museo Azorín, donde se conserva el epistolario remitido por Amat a su sobrino.

20Antonio Azorín, de Azorín (1903). Vid. "La fama póstuma" en Boletín Informativo de la Casa-Museo Azorín núm. 0. Monóvar, CAM, diciembre de 1994, pág. 2

21En Azorín en torno a su vida y su obra, de José Alfonso Vidal. Barcelona, Aedos, 1958, págs. 226 y 227.

22El Enfermo, de Azorín.

23Se refiere al industrial don Paco Navarro, suegro de Peiró, a quien Azorín dedicó dos capítulos en su libro Memorias Inmemoriales.

24"Elda en Azorín", de José Capilla Beltrán. Primer premio del Concurso Literario Alborada. Elda, Ayuntamiento, 1960. Vid. carta de Azorín a Capilla del 18 de enero de 1930 en Obras Escogidas de Azorín, tomo III, " Epistolario", pág. 1503 y 1504

25"La Peña del Cid". ABC, 5 de julio de 1949. y el capítulo "La peña del Cid" de Memorias Inmemoriales.

26En "Esparto", capítulo XXXVIII de Superrealismo recuerda que en Petrer se habla valenciano y en "La próspera Elda" de Los Recuadros, que "a dos pasos de Elda está Petrel".