Al Ayuntamiento
de la
Muy Noble, Fiel, Ilustre y Leal
Villa de Monóvar
Esa dignísima corporación representa genuinamente al pueblo a
quien hoy ofrezco un tributo de admiración y cariño, recordando
sus gloriosos timbres en una humilde composición rítmica.
Séame, pues, permitido ofrecer á ese Ayuntamiento la
dedicatoria de este modesto trabajo, ya que no me es posible
estampar en la primera página los nombres de todos los hijos de
Monóvar, cuyos aplausos resonaron en mi alma y, en ella, su
recuerdo vivirá eternamente.
José Mariano Milego
Alicante: Mayo del 85
DETALLES DEL MONÓLOGO
La acción pasa en Monóvar, á mediados del siglo XIV.
La escena representa una lujosa estancia de un antiguo palacio,
adornada según el gusto de la época.
Puerta al foro y á cada lado de la misma una panoplia con escudo
nobiliario.
Ventana á la izquierda y frente á ella, junto al proscenio, una
mesa y un sillon blasonado. Sobre la mesa una espada y algunos
libros y papeles.
El único personaje de la accion, es un jóven guerrero, que aun
casi en la convalescencia de peligrosas heridas recibidas en el
campo de batalla, se apresta de nuevo á la lucha.
ESCENA ÚNICA
Al levantarse el telon, aparece el jóven guerrero sentado en el
sillon blasonado, y apoyada la frente sobre la mano izquierda,
como abstraído por múltiples pensamientos.- Instantes de
pausa...
Los primeros resplandores del crepúsculo matutino colorean la
escena.
Pasados cortos momentos, en que la mímica apropiada á la
situacion sustituye á las frases, el actor, mirando hacia la
ventana con expresion de complaciencia, comenzará su parlamento.
Luce el sol!.. Un nuevo día
y otra risueña esperanza...
Ya se pierde en lontananza
la realidad más sombría,
y recibe el alma mía
con el beso de la aurora,
la ilusión más seductora
y el ensueño más hermoso,
que es manantial deleitoso
en mi fiebre abrasadora.
(Pausa.)
Largas horas de terror
y eternas noches de espanto
empapadas con mi llanto,
en el lecho del dolor
sufrí, sintiendo el rigor
de la más adversa suerte;
pero luché con la muerte
y hallo, al recobrar la vida,
una espada no vencida,
y un corazón siempre fuerte.
Caí, como cae el bueno
en el campo de batalla...
(Vá alzándose del asiento, como sintiéndose
enardecido por el recuerdo de la lucha.)
teñida en sangre la malla,
con el ánimo sereno,
de heróico entusiasmo lleno,
con brío, sin vano alarde...
¡Aún con el recuerdo arde
toda la sangre en mis venas!
¡Cuán presto pasan las penas
del corazón no cobarde!..
(Pausa.)
Y hoy en mi pátria, en mi hogar,
á la lucha me apercibo:
¿no vivo aun?... Pues si vivo,
mi destino es batallar.
Vuelva mi acero á brillar
y alcance el laurel glorioso,
y pues luce esplendoroso
el astro del nuevo día,
renazca en mi la alegría
de un porvenir venturoso.
(Coje la espada que hay sobre la mesa, blandiéndola con juvenil
entusiasmo.)
¡Mi espada... Siento el ardor
de la jigante pelea...
La más hermosa presea
que ciñe el conquistador;
en ella cifro mi honor
y ella á luchar me convida,
y pues aspiro á la vida
de la fama y de la gloria,
grabe mi nombre en la historia
en roja sangre teñida.
Hoy por el rey castellano
ofrezco mi invicta espada,
(Mirándola con expresión de orgullo y altivez.)
y en memorable jornada
lucharé cual buen cristiano.
Hoy acepto al soberano
á quien recibe mi villa, (a)
y doblego la rodilla
cual vasallo siempre fiel,
ante el que llaman Cruel (b)
(Marcando mucho la frase, con desdeñoso acento.)
los feudales de Castilla...
(Mientras vuelve a dejar la espada sobre la
mesa con sumo cuidado, como quien fija el
pensamiento en una idea determiada, pronuncia
con intencionado acento y tono irónico las
frases que siguen.)
¡Cruel, don Pedro Primero!..
!Cruel, porque los señores
turbulentos y traidores
temen su pujante acero!...
Llamáranle Justiciero
y llegaran á acertar;
que rey que sabe luchar
defendiendo su corona,
lo aclama el pueblo y pregona
por ídolo popular.
Contra opresora nobleza
que inmola al pobre villano,
el monarca castellano
brinda justicia y realeza.
Ni coronada cabeza,
ni señorío feudal,
se impone al sólio real
contra el pueblo que lo aclama...
¡Él es rey que al pueblo ama,
y, ante él, todo el mundo igual!
Y hoy viene á tí, pueblo mío,
(Mirando hácia la ventana.)
hoy pisará tus dinteles:
ofrécele tus laureles,
que él te brinda poderío (c)
contra opresor señorío
tendrás en él defensor;
de su justicia al rigor
caerá el prócer altanero,
y el rey don Pedro Primero
será tu libertador...
(Al proscenio.)
Monóvar rincon bendito,
pueblo nacido entre sombras (d)
y que hoy ya tu suelo alfombras
con el laurel no marchito;
tú de libertad al grito
siempre te viste triunfante, (e)
y, con tu explendor brillante,
fuiste perla codiciada
en la corona preciada
que se conquistó Alicante.
Tú en poder del Agareno, (f)
ni por contraria fortuna
te humilló la media luna,
ni herir alcanzó tu seno.
De noble entusiasmo lleno
y con heróico valor,
mitigando tu dolor
te libertó del verdugo,
destrozando el férrero yugo
Don Jaime el Conquistador. (g)
Y aunque te vuelvo á mirar
en el libro de la historia,
oscurecida tu gloria
sufrir cautiva y llorar,
logras al fin despertar
y tus señores feudales
te aprecian en lo que vales, (h)
y te alzas libre y ufana,
imperando soberana
con alientos colosales.
Siempre grande, siempre altiva
siempre generosa y fuerte, (i)
tú despreciaste la muerte
antes que vivir cautiva.
Bien es que el pueblo reciba,
ese pueblo noble y fiel,
(Marcando mucho el verso.)
con hurras y con laurel
al rey que al pueblo prefiere,
y que por el pueblo, quiere
que le llamen el Cruel...
(Con entonación entusiasta, y siempre al proscenio.)
Monóvar, ilustre villa, (j)
lega al libro de la historia
una página de gloria
que ya refulgente brilla.
Ten, para el rey de Castilla,
tus más preciados honores,
y dirán en tus loores,
(Grito enérgico y levantado.)
«ese pueblo, no consiente
ni servilismo que afrente,
ni feudales opresores»
(Transición.- Pausa, durante la cual coje la espada, colgán
dola del tahalí, mientras dice los primeros versos.)
Ahora, ciñamos la espada
que el puesto de honor espera,
y ya en la triunfal carrera
debe aguardar la mesnada.
(Se oye algún lejano ruido, pero no muy fuerte.)
De la villa alborozada
el grato rumor se escucha,
y pues mi ansiedad es mucha,
hácia el Castillo volemos,
y al rey triunfante aclamemos,
ó luchemos, si es que hay lucha...
Rey don Pedro!..
(Dirigiéndose hacia la ventana, como si en el exterior estu
viera la persona á quien invoca.)
El Pueblo mío
en tus brazos te recibe,
porque así en la historia escribe
su expléndido señorío.
Tú abates el poderío
del feudalismo opresor,
tú eres el libertador
del esclavo de la gleba,
y él te ofrece hermosa prueba
de civismo y de valor.
¡Hurra por tí!... Los laureles
alfombren hoy tu camino,
ya que te trajo el destino
á pisar nuestros dinteles.
(Con creciente entusiasmo y preparando el final.)
Dispongamos los troqueles
para grabar tu memoria,
y que repita la historia
con ecos que al mundo asombre,
¡que la libertad del hombre
es de Monóvar la gloria!
TELÓN RÁPIDO.
NOTAS EXPLICATIVAS DE ALGUNAS FRASES DEL MONÓLOGO
Nota, letra (a)
«Hoy acepto al soberano
á quien recibe mi villa...»
En 1363, la villa de Monóvar recibió con entusiasmo al rey de
Castilla D. Pedro I, ofreciéndole un expontáneo homenaje de
adhesión inquebrantable.
«Y es tanto más de notar este hecho - escribe un célebre
historiador de nuestros días - cuanto que fué Monóvar una de
las contadas poblaciones que no se habían apresurado á ofrecer
valiosos presentes, por medio de enviados serviles y aduladores,
al temido rey de Castilla, cuya expedición por esta comarca (se
está refiriendo á la de Alicante) dejaba indelebles señales
sangrientas. »
Monóvar ofrecía, pues, sus laureles al rey D. Pedro, porque se
había encariñado con quien representava la causa del pueblo,
tan vejado por los señores feudales.
Nota, letra (b)
«ante el que llaman Cruel
los feudales de Castilla...»
Aunque algunos pretendan rechazar la apología del rey D. Pedro I
que ponemos en lábios del protagonista, han de concedernos que
no sin sobrada razón y teniendo á la vista documentos históricos
de gran valía, hemos podido decidirnos á dedicar una frase de
defensa á la calumniada memoria del monarca de Castilla, que
despues de todo, -y en esto se hallan contextes sus mismos
detractores- es una gran figura histórica, cuyos diez y nueve años
de reinado ha ofrecido materia más que suficiente á
distinguidos publicistas para las disquisiciones más eruditas y
profundas.
Motivo de levantadas controversias ha sido -y lo es en la
actualidad- el calificativo que el severo jucio de la historia
adjudica al rey D. Pedro.
Dos términos completamente opuestos (aunque coinciden en la
aceptación de los hechos históricos del rey castellano), señalan
el paso por el sólio real del hijo de Alfonso XI: el dicatado de
Cruel y el de Justiciero se disputan la supremacía, y en pró de
uno y otro alegan los historiadores todo género de
razonamientos.
En los dos bandos figuran plumas muy autorizadas y nombres
respetabilisimos en la república de las letras.
Nosotros, á fuer de imparciales y queriendo justificar las
frases de alabanza que dedicamos al rey D. Pedro, hemos de
ofrecer á nuestros lectores -entre las muchas que podríamos
mencionar- algunas citas de juicios histórico-críticos,
completamente opuestos unos de otros, acerca del rey D. Pedro,
para que resulte debidamente señalada la eterna polémica que
sostienen historiógrafos y comentaristas, cuando al hijo de
Alfonso XI dedican los vuelos de una bien cortada la pluma.
Entre la respetable falange de eruditos é historiadores que se
ensañan contra el rey D. Pedro, llegando un autor francés1 á
afirmar que... «á medida que se avanza en su historia (la del
monarca de Castilla), se nota más y más la odiosa conducta de
este mónstruo, á quien por honor de la humanidad, debemos
suponer atacado de una especie de vértigo;... » entre todos
ellos, en nuestros días, el ilustrado Sr. Fernando del Rio, en
su Memoria premiada por la Academia de la Lengua, presentada á
don Pedro sobradamente digno de ser apellidado con el sobrenombre
de el Cruel, «como quien convertía, dice, en máximas de política
las pasiones de la incontinencia, de la perfidia y de la
venganza, y con cuya muerte pareció que la pátria y la
humanidad se libertaban de un gran peso»
Despues de estas frases, léanse estas otras y júzguese:
«...Floreció en efecto en su glorioso reinado la administración
de justicia, el establecimiento de las leyes políticas y el
adelantamiento de las militares; misericordia con los pobres, la
veneración á la iglesia, el respeto a la religión, el culto á
los templos, el temor á Dios, y en una palabra, cuanto pudo
concurrir á formar en D. Pedro un íntegro legislador, un capitán
valiente, un cristiano perfecto, un juez severo, un padre
caritativo, un monarca apacible, y un rey á ninguno segundo,
digno por esto de los nombres de bueno, prudente y justiciero.»
Ante contraposición tan marcada, permitido nos ha de ser
aceptar, como más imparcial, el juicio histórico-crítico
vertido en un modesto Manual para la niñez, por un ilustrado
autor de nuestros días, D. Modesto Infante, que comprende cuanto
se puede escribir acerca del reinado de D. Pedro, en esta forma:
«...Duro de carácter, si bien justiciero, manchó tantas veces
sus manos de sangre, que el vulgo le dá el triste apellido con
que le designamos arriba. Ciertamente que los revoltosos nobles
de Castilla intentaban reinar sobre él, y que muchos de sus
efectos eran hijos de su época: pero no se puede negar que sus
cortos años, sus violentas pasiones, y las dificultades sin número
que le rodeaban, exasperaron sus buenas prendas, pues en las Córtes
de Valladolid propuso al reino mejoras peregrinas, y en algunas
de sus acciones se vislumbran rasgos de rey prudente.»
Véase, pues si tenemos ó no razón para dedicar al rey D. Pedro
una frase de elogio, sin que por esto pretendamos presentarlo
como varon ejemplar y modelo de toda virtud, como lo hace su
apologista del siglo XVIII.
Nota, letra (c)
«Ofrécele tus laureles
que él te brinda poderio.»
No escasas mercedes recibió Monóvar del monarca castellano,
siendo la más señalada la concesion de la carta de franquicia
otrogándole la próroga de todas las inmunidades de que gozaba
desde el año 1330; concesión muy estimable teniendo en cuenta
el carácter absoluto del que la hacia.
Nota, letra (d)
«Monóvar, rincon bendito,
pueblo nacido entre sombras... »
De la historia de Monóvar en los primitivos tiempos, apenas se
tiene escasas é incompletas noticias. No existe documento alguno
que pueda disipar las densas tinieblas que envuelven su orígen,
y durante la dominación árabe, es cuando comienza á figurar en
la historia, «como tambien Chinosa (hoy Chinorla casi
despoblado),» segun afirma un erudito escritor contemporaneo.
Nota, letra (e)
«tú de libertad al grito
siempre te viste triunfante... »
Monóvar es uno de los pueblos de la provincia de Alicante, cuyos
hidalgos hijos han sabido sentir siempre el enardecimiento de las
ideas liberales.
En él no ha arraigado nunca el fanatismo, y, dicho sea en su
elogio, cuantos triunfos han alcanzado en nuestra pátria los
ideales modernos, han tenido como valerosos adalides á los hijos
de Monóvar.
Ya que no intentemos aglomerar citas y hechos que prueben nuestra
aseveración, sea esta ocasión propicia de dedicar un sentido
recuerdo al ilustre monoverense D. Gregorio Verdu, «bizarro
brigadier de ingenieros, que despues de haberse distinguido por
su preclaro talento durante sus estudios, en los que siempre
obtuvo la nota de sobresaliente, y despues de alcanzar gloriosas
cruces por su valor y pericia, que forman la apoteósis del
militar distinguido, murió en el ataque y toma de una fuerte
posición carlista, en las inmediaciones de Dima, en Enero de
1876.»
Enaltecida sea la memoria del heróico mártir de la Libertad!
¡Vivan la vida inmortal de la gloria, quienes por la Libertad
mueren!
Nota, letra (f).
«Tú, en poder del Agareno...»
En el año 1200 figura ya Monóvar en la historia, bajo el poder
mahometano, siguiendo en todo la suerte de Alicante, y demás
villas y castillos comarcanos, aunque conservando grandes
privilegios que el yugo agareno no pudo destruir.
Nota, letra (g).
«destrozando el férrero yugo
Don Jaime el Conquistador. »
El gran rey Don Jaime, cuyas gloriosas hazañas han tenido un
inspirado romancero alicantino, D. Miguel Amat y Maestre, ganó
á Monóvar en 1258, librándola del poder mahometano, y poblándola
de cristianos poseedores de los má apetecibles privilegios.
Nota, letra (h).
«y tus señores feudales
te aprecian en lo que vales...»
El rey D. Alfonso II, premiando los buenos servicios del noble
don Gonzalo de García, le donó la villa de Monóvar en el año
1328; y el señor de la villa vió tan grandes merecimientos en
sus valerosos hijos que, á los dos años de la donación, los
hizo francos, sin excluir sus bienes, relevándolos del pago de
todo pecho, impuesto ó alcabala, así como les hizo merced de
todo derecho en la corona de Aragón.
Nota, letra (i)
«Siempre grande, siempre altiva,
siempre generosoa y fuerte... »
Completando las noticias históricas acerca de la villa de Monóvar,
nos permitimos reproducir el extracto que un distinguido profesor
alicantino3 inserta en un Manual Geográfico-Estadístico,
recientemente dado á la estampa.
Despues de hacer constar la entrada del rey D. Pedro I en Monóvar
(1363), el historiador escribe:
«Mas tarde (Monóvar) pasó al poder de D. Pedro Maza de Linaza,
que la compró por 90.000 florines en 1471; desde cuya época fué
su señor territorial el Duque de Hijar, que á la expulsión de
los moriscos en 1609, procuró que nadie les vejase... »
«Durante la guerra de sucesion, defendió con tal decision la
causa de D. Felipe V., que, terminada aquella, fué declarada
villa con los honrosos títulos de Muy noble, Fiel, Ilustre y
Leal, añadiendo al escudo de sus armas la flor de lis.
Hace por armas un escudo con tres castillos en fondo blanco, dos
leones las cinco barras sangrientas de Aragon, la flor de lis y
una corona.»
Nota, letra (j)
«Monóvar, ilustre villa»
No se estrañe que, en la época en que se supone la acción,
llame á Monóvar villa el protagonista dela obra. En documentos
y libros antiguos, hemos tenido ocasión de leer que, muchas
veces, se llamaba ciudad á poblaciones que, legalmente, aún tal
título no habian recibido, si bien gozaban ya de todas sus
preeminencias.
En nuestros dias, Monóvar es una de las más importantes villas
de la provincia de Alicante, digna de todo género de alabanzas
por la cultura, honrradez y laboriosidad de sus hios, y por su
incansable afan de adelantar en el camino de la civilizacion y
del progreso.
Dista de Alicante 38 kilómetros, y confina al N. con Salinas y
Elda; al E. y S. con Novelda, y al O. con el Pinoso; disfrutando
de un clima fresco y saludable, y ofreciendo un agradibilisimo
aspecto, con no pocas construcciones modernas y de muy buen
gusto, entre ellas el nuevo Casino que es, sin disputa, uno de
los mejores de la provincia.
Cuenta la villa, según el último Censo, con 9.268 habitantes y
1.686 edificios; siendo sus principales industrias la fabricación
de aguardientes, aceites y jabon, produciendo el cultivo de sus
tierras magníficas cosechas de vino, así como almendra,
cereales, anís, sabrosas frutas y hortalizas.
Está unida á la capital por una carretera de primer órden y
por la vía férrea de Madrid á Alicante.
Tal es la villa á la que hemos dedicado la humilde flor rítmica,
que ha motivado estas notas explicativas ó aclaratorias de
algunos conceptos y de algunas frases, que nos ha parecido
oportuno comentar sin que lo hayamos hecho suscintamente y muy á
la ligera.